Bye, Bye Ansiedad
Sobre Bye Bye Ansiedad
No pensé que acabaría haciendo un show sobre ansiedad.
Tampoco pensé que acabaría hablando de ella encima de un escenario.
Y, sinceramente, muchísimo menos pensé que algún día me dedicaría a intentar que la gente se ría de algo que durante mucho tiempo le ha hecho sufrir.
Pero aquí estamos.
Bye Bye Ansiedad nace de una idea muy simple: si la ansiedad ya bastante drama trae de serie, no hace falta que además la contemos como si cada día viviéramos dentro de una tragedia griega con WiFi. Yo necesitaba encontrar otra manera de hablar de todo esto. Una manera más humana, más cercana, más útil. Y sí, también con humor, porque a veces una sonrisa abre puertas que el miedo deja cerradas con triple llave.
Escribí este show porque sé lo que es vivir con la cabeza acelerada, con el cuerpo en alerta y con la sensación de que cualquier pensamiento puede montarte una verbena emocional un martes a las once de la mañana. Sé lo que es sentir que te pasa algo rarísimo… y descubrir después que no eras un extraterrestre, solo alguien atravesando ansiedad. Como tantísima gente.
Por eso quise subir todo eso a un escenario.
No para dar una clase.
No para dar lecciones.
Y desde luego no para ponerme intensito con un foco cenital y una música de piano de fondo.
Lo hice para contar, desde mi propia experiencia, que se puede hablar de ansiedad sin asustar más. Que se puede entender mejor lo que nos pasa por dentro. Que se puede aprender, poco a poco, a desdramatizar. Y que incluso se puede uno reír por el camino, que no cura mágicamente, pero ayuda bastante más que hacerse colega de la catástrofe.
Bye Bye Ansiedad es el show que me habría gustado ver cuando estaba metido en pleno lío mental. Un espectáculo en el que mezclo humor, historia personal, herramientas prácticas, psicología, neurociencia y unas cuantas verdades que a veces cuesta escuchar, pero sientan bastante bien. Como cuando alguien te dice por fin: “No estás roto. Te pasa algo que se puede entender”. Y tú piensas: “Bueno, menos mal, porque ya me veía reiniciándome como el router”.
Este show nace también de una necesidad muy mía: quitarle solemnidad a la ansiedad sin quitarle importancia. Porque una cosa es no dramatizar, y otra muy distinta es hacer como que no pasa nada. Aquí no venimos a minimizar lo que duele. Venimos a mirarlo de frente, a entenderlo mejor y a ponerle un poco menos de terror y un poco más de luz.
En el escenario comparto lo que me ha servido, lo que he aprendido y todo aquello que me habría ahorrado más de una vuelta absurda en la cabeza. Lo hago con humor porque el humor, bien usado, no se ríe de ti: te acompaña. Te afloja. Te da aire. Te recuerda que incluso en medio del caos sigues siendo una persona, no un diagnóstico con patas.
Así que este show va de ansiedad, sí.
Pero también va de alivio.
De entenderse mejor.
De bajar revoluciones.
De dejar de pelearte tanto contigo.
Y de salir del teatro pensando: “Vale, a lo mejor no estoy tan mal… a lo mejor solo necesito dejar de escuchar a mi cerebro cuando se pone en modo guionista de Netflix”.
Si has vivido ansiedad, seguramente te vas a reconocer.
Si no la has vivido, seguramente vas a entender mejor a alguien que sí.
Y si vienes pensando que esto iba a ser una charla tristísima… enhorabuena, te vas a llevar una sorpresa.
Porque a veces, para empezar a decirle bye bye a la ansiedad, lo primero que hace falta es dejar de mirarla como si fuera el final del mundo.
Y empezar, aunque sea poquito a poco, a perderle el miedo.